¿Piropos?: Mamita, te amo…

Hoy, los piropos pueden ser un halago o un cubo de agua fría, con la marca del machismo. Una investigación revela cómo se comportan piropeadores y piropeadas en Santiago de Cuba.

Por estos días de fin de año peluqueras, barberos y costureras tienen más trabajo: la gente quiere verse bien.

Porque la imagen que el espejo te devuelve es también un resumen de estos 12 meses de vida. Y cómo las otras personas te ven funciona también a modo de espejo. De ahí que los piropos puedan ser un buen termómetro.

Pero hay piropos y piropos.

Fui testigo de cómo un grupo de muchachones, plancha’o en mano, se metían con una muchacha que pasaba cargada de jabas.

—¡Mamita, te amo…!

Le soltó uno de ellos, y vi cómo a la joven se le encendía la mirada. Yo también, que iba caminando a pocos pasos, me asombré de tan singular declaración.

Pero el mismo muchacho siguió repitiéndole lo mismo, a la par que se le iba encimando ofensivamente, y cuando casi le rozaba el oído, le soltó:

—¡Mamita, te ‘amo a revolcar to’a; te ‘amo a mascar; te ‘amo a…!

La mirada de la mujer se ensombreció y apuró el paso, casi con temor.

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