Continúa el empobrecimiento HD.

Por Javier Gómez Sánchez
Hace algún tiempo publiqué un artículo titulado “Empobrecimiento HD” donde comentaba la sustitución de espacios de venta de carácter más ¨popular¨ por otros dedicados a ventas ¨de lujo¨.
Ahora ha sido el turno de Tiendas Panamericanas, que decidió eliminar el supermercado ¨normal¨ de La Puntilla, para vender en él productos españoles marca El Corte Inglés. Ni siquiera son productos distintos, son las mismas cosas que buscan las personas pero a precios muy superiores por la ¨marca¨(un pomo de kétchup a 8 cuc), una ¨marca de supermercado¨ cómo se les llama con desprecio en el extranjero. Para los productos nacionales u otros a precio ¨normal¨ han quedado un par de estantes y neveras al fondo de la tienda. Como si los que viven en esa zona de Playa fueran todos ¨nuevos ricos¨ o diplomáticos extranjeros.
Las otras tiendas grandes más cercanas donde se pueden adquirir alimentos son 41 y 42 y 5ta y 42, a varios kilómetros de distancia, un esfuerzo enorme par quien no tiene automóvil que es la mayoría. Si acaso, quedan dispersos en la distancia algunos kioskos y bodeguitas de pobre servicio y capacidad por pequeñas, insuficientes y desabastecidas.
Lo más triste en el flamante supermercado fue ver, en medio de ese esplendor de pacotilla, como las personas que buscaban inclinándose en la magra nevera donde quedaba alguna hamburguesa barata o alguna bolsa de yogurt nacional de menos de 1 cuc, las cosas que la población más compra, eran personas ancianas y evidentemente humildes. Debe haber en esa empresa un grupo de personas satisfechas por lo que han hecho, maravilladas, sonrientes, creyéndose que son eficientísimos, que han hecho algo muy bueno para el país, para la empresa ,que su función es recaudar, que han conseguido un buen negocio para el Estado, viendo el supermercado tan lindo, con los estantes tan llenos de colores, con una oferta de ¨calidad¨ y por supuesto la calidad hay que pagarla más cara, cuando en realidad es de tercera categoría en cualquier parte pero en Cuba la hacen parecer de primera.
¿Quién vela políticamente por la práctica de esas empresas? ¿Nadie hizo un análisis del impacto social? ¿Nadie se cuestionó las consecuencias de eliminar un espacio a donde acude el pueblo ya con mucha dificultad, para convertirlo en una venta de lujo? No construir otro, sino eliminar el que existía. ¿El afán de recaudar los tiene cegados? ¿O los que tienen que velar por la orientación de las empresas están ciegos? Ya los cubanos de algunas zonas de la capital vamos necesitando cada vez menos viajar al extranjero para sentir el capitalismo.

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