Fidel y Raúl, dos caribeños universales

Fidel durante la celebración del aniversario 30 de las relaciones entre Caricom y Cuba.
Fidel durante la celebración del aniversario 30 de las relaciones entre Caricom y Cuba. Foto: Archivo

«El Caribe siempre podrá contar con la eterna amistad, el desinterés, la gratitud y el apoyo pleno y total de sus hermanos cubanos», afirmó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el ocho de diciembre del 2002 en La Habana, con motivo del aniversario 30 del establecimiento de relaciones diplomáticas con Barbados, Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago, acto que sentó las bases de la futura relación entre la Comunidad del Caribe, Caricom, y Cuba.

La máxima de Fidel resume una práctica solidaria desde el comienzo de la Revolución y que hoy cobra aún más vigencia ante los retos compartidos que enfrenta la región, desde la intensidad de los desastres naturales hasta las pretensiones divisionistas de algunas potencias.

En el 2014, durante la inauguración de la V Cumbre de Caricom-Cuba, celebrada en la capital cubana, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, reafirmó el compromiso de la Mayor de las Antillas de «cooperar y compartir nuestros modestos logros con los hermanos del Caribe» y añadió que «los desafíos del siglo XXI nos obligan a unirnos para enfrentar juntos los desastres naturales, los efectos del cambio climático, concertar enfoques sobre la agenda de desarrollo post-2015 y, en especial, para enfrentar colectivamente los mecanismos de dominación que nos impone el injusto sistema financiero internacional».

El pensamiento de ambos caribeños, que han alcanzado una altura universal, estará presente una vez más en la VI Cumbre del bloque con la Mayor de las Antillas, que tiene lugar este viernes en Antigua y Barbuda, con el objetivo de buscar consensos y fortalecer aún más el mecanismo que cumple 15 años de fundado.

LEGADO Y CONTINUIDAD

Estas más de cuatro décadas de integración han contado con la guía y ahora el legado del Comandante en Jefe y su lucha por la unidad regional.

Durante la sesión de clausura de la III Cumbre Caricom-Cuba, en el 2008, Raúl recibió a nombre del Comandante en Jefe Fidel Castro la Orden Honoraria del Caricom. Foto: Juvenal Balán

El guerrillero de la Sierra Maestra y su Revolución triunfante tuvieron un impacto contundente en una región signada por la colonización y el subdesarrollo.
Historiadores y analistas ven en la decisión soberana de Barbados, Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago –luego de alcanzar su independencia– de establecer relaciones diplomáticas con Cuba, la consecuencia directa del espíritu inspirador del Comandante en Jefe y su obra.

Para Fidel, la integración de todas nuestras pequeñas islas bañadas por el Mar Caribe constituía «el único camino para enfrentar los desafíos comunes del mundo globalizado, desigual y excluyente», como dijo en la cita del 2002 en La Habana.

Reconocido como uno de los principales impulsores de los encuentros Caricom-Cuba, el líder histórico de la Revolución cubana trabajó siempre por dotar a la unidad caribeña de un enfoque multidimensional y emancipador, atendiendo a una historia común de colonización, esclavitud y luchas por la libertad e independencia.

El fortalecimiento de esos vínculos fraternales de colaboración, concertación y solidaridad, para avanzar en la necesaria integración latinoamericana y caribeña soñada por los próceres de la independencia y postergada durante más de 200 años, continúa siendo el objetivo de Cuba en su relación con Caricom, según expresó Raúl durante el V cónclave.

La visión de Fidel, como paladín de la unidad latinoamericana y caribeña, representaba un tributo a los próceres de las luchas independentistas de Nuestra América, pero también la reivindicación de una región históricamente mancillada por metrópolis colonizadoras que saquearon esos territorios.

«Los países industrializados y ricos se resisten a aceptar la concesión de un trato especial y diferenciado a los países que, como los de Caricom, no solo lo requieren, sino que es su derecho. Olvidan su deuda histórica con nuestro desarrollo, incumplen sus promesas, saquean nuestros recursos humanos, cobran una y otra vez una deuda inmoral varias veces pagada, mientras hablan demagógicamente de libertad de mercados», sentenciaba Fidel en la II Cumbre en Barbados en el 2005.

El líder cubano contribuyó a que se contemplaran como temas permanentes del mecanismo la necesidad de incrementar el nivel de vida y trabajo de las naciones de la región, de disminuir el desempleo y de coordinar el desarrollo económico sustentable.

Precisamente esa imbricación económica, política, social, cultural, comunicacional y de seguridad constituye la fórmula para llegar juntos al progreso.

Gracias a esa concepción Cuba, con Fidel y Raúl al frente, emergió como uno de los máximos impulsores de un concepto de unidad regional que se materializó no solo en la relación entre Caricom y La Habana, sino también en organismos como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América–Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), la Asociación de Estados del Caribe (AEC) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que marcan una época de progreso para la historia continental.

«La conformación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños es una muestra de que avanzamos en el camino correcto. Cuba actuará con pleno compromiso, convencida de que la integración latinoamericana sería imposible e incompleta sin el Caribe y de que los intereses de Caricom han de ser también los de toda nuestra región», expresaba Raúl en diciembre del 2011 con motivo de la IV cumbre Caricom-Cuba en Trinidad y Tobago.

La confirmación de la Celac como uno de los ejercicios más genuinos de integración de los últimos años, frente a las prácticas proimperiales y excluyentes de la desacreditada Organización de Estados Americanos (OEA), exaltó el papel de Cuba y su activa diplomacia en el histórico anhelo del acercamiento de los pueblos.

Cuba, una nación geográficamente caribeña, pero con profundos lazos históricos y culturales en el territorio continental, que posee la particularidad de actuar como país bisagra entre el Caribe y el resto de América Latina, ha ejercido un protagonismo actuante en pos de los intereses comunes.

En cada foro mundial o regional, nuestro país aboga y trabaja por el fortalecimiento de una agenda sostenible y la inclusión en ella de las necesidades legítimas e imprescindibles de los países subdesarrollados, en particular, de los pequeños estados insulares en desarrollo.

América Latina y el Caribe fue declarada en La Habana como Zona de paz, condición que prevalece en la reregión a pesar de las adversidades y las maniobras desestabilizadoras de la derecha internacional.

«A la globalización neoliberal y egoísta, al antidemocrático orden político y económico internacional, debemos responder con la unidad y la globalización de la solidaridad, y la promoción del diálogo, la integración y la cooperación genuina», decía Fidel en Barbados en 2005. «Un Caribe unido y solidario es nuestro único camino», ratificaba Raúl en 2011.

Seguramente mucho queda por hacer, pero hasta ahora los logros son innegables. Y cuando se escriba la historia de los pueblos que viven en el mar Caribe, no se podrá olvidar el legado y la obra de Fidel y Raúl.

 

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